Colegio Profesional de Antropólogos del Perú.

 

COLEGIO PROFESIONAL DE ANTROPÓLOGOS DEL PERÚ 
LEY Nº 24166

PUEBLO QUECHUA, LENGUA Y CULTURA EN LOS ANDES

En Abya Yala se estiman hoy un promedio de 1,700 lenguas indígenas vigentes, desde Alaska hasta la Tierra del Fuego (1). Número y variedad considerable de habla humana que se ha consolidado a través de milenios, desde que el continente empezara ser poblado, por migrantes asiáticos y otros, a partir de los años 120,000 antes de Cristo (2). Dentro de esta cifra 426 lenguas indígenas corresponden a Abya Yala sur, siendo la lengua Quechua una entre ellas(3).

El Quechua se extiende a lo largo de la Cordillera de los Andes ( y ciertas zonas de la amazonía) desde la provincia de Santiago del Estero, al norte de la Argentina, hasta las cabeceras del río Caquetá en Colombia. Y abarca integramente los territorios andinos de Bolivia, Perú y Ecuador.

Andrés Chirinos señala que “Sumados los hablantes quechuas de los tres paises andinos el número de hablantes supera los 8 millones”(4) y, en referencia específica al Perú, Rodolfo Cerrón-Palomino nos dice “En relación con la población quechuahablante, ella se calcula, incluyendo a los bilingues, en unos 4 millones”(5). En la manera de los censos actuales es difícil se pueda determinar el verdadero número de los integrantes de nuestros pueblos originarios dentro de las poblaciones totales de las actuales Neo Naciones Estado. Esta disciplina todavía carece de un adecuado método que lo pueda acercar a nuestra realidad, además de que, por discriminación y prejuicios, hay todavía una suerte de ocultamiento o soslayo de nuestras existencias dentro de la política de los estados del Abya Yala sur. Sin embargo, los datos consignados son suficientes para afirmar que el Quechua es la lengua originaria más extensa y numerosa en los Andes y el subcontinente Abya Yala sur.

El Quechua se originó en la costa central peruana desde los principios de la era cristiana, y fueron las importantes culturas Lima, Pachakamaq, Chankay y Chincha las encargadas de recrearlo y difundirlo a lo largo del primer milenio de nuestra era, varios siglos antes de la aparición de la dinastía Inka. El Quechua, desde sus inicios se difundió como dialecto Yungay hacia el norte  y como dialecto Chinchay a todo el sur a lo largo de los Andes y, luego envolver al Yungay dirigiéndose también al norte(6).

El nombre ancestral y propio de la lengua es Runa Simi (Runa = gente, persona, ser humano y Simi = boca, palabra, idioma) que en concreto significa Lengua Humana. Fue Fray Domingo de Santo Tomás, en 1560, quien la bautizó como Quichua y, Alonzo de Huerta, en 1616, quien la llamó Quechua(7). Nos es indispensable indicar que, para el monolingue Runa Simi hablante, los términos Quichua o Quechua no significan el nombre de su lengua, su mención sólo les inducirá entender otras nominaciones fonéticamente parecidas: Kichwa, un apellido indígena andino, o Qichwa, zona ecológica baja y caliente. Sin embargo, hoy, Quichua o Quechua, son nombres generalizados para designar una lengua indígena andina y, para afirmar entre nosotros una conciencia específica sobre la existencia y los valores de los pueblos y la nación que la hablamos. Quechua es, pues, además de lengua indígena, un término político de identidad.

El Quechua es una lengua aglutinante, se estructura (para formar palabras y oraciones) sobre la base de una adisión  y combinación de sufijos a partir de raices nominales y verbales.

A la llegada de los españoles, en 1532, en el Tawantinsuyu había escritura, o a mejor plantear, una representación simbólica mediante diseños y que estaban (y están todavía) representadas en pinturas, tejidos, cerámica, grabados sobre piedra, huesos, frutos o madera, y en el Kipu: Nudos en hilos de diferente grosor y colores. Los españoles destruyeron toneladas de estos objetos, quemaron bibliotecas íntegras con otras toneladas de Kipus, además de haber perseguido y aniquilado a los Amawta (sabios, sacerdotes) y a los Kipukamayuq (los constructores é intérpretes de los Kipu) hasta producir, finalmente, entre nosotros, el olvido total de los significados de los diseños y de los símbolos. Hoy existen especialistas que están tratando de reinterpretar lo todavía existente, es una labor incomiable que durará años y que, de lograrse, nos abrirá todo un panorama de cómo en verdad fueron nuestros pueblos originarios(8).

Mientras tanto, ante el apremio de nuestro ingreso al concierto de la comunicación mundial, se ha optado por la utilización del alfabeto latino-español para la escritura Quechua. Sin embargo, en esta opción se tiene todavía algunos problemas que resolver:

1.- Necesidad de creación de un alfabeto único para todo el Quechua, hasta ahora sólo hay tantos alfabetos como dialectos existen. Desecharse la idea de la imposición del alfabeto de uno de los dialectos sobre el resto, creyéndose que es el original y el verdadero, como sucede en el Perú, donde se trata de generalizar sólo el alfabeto del dialecto del Cuzco para todo el país. Fonéticamente la diferencia dialectal es válida, porque es natural como en toda lengua, pero su representación gráfica es opcional, lo decide el ser humano. Como sucede en el español, el inglés, etc., ¿porqué no representar con una sola escritura las diferentes presentaciones fonético-dialectales de las palabras Quechuas?. Al Caballo, fonéticamente, dicen Cabasho en la Argentina, en Lima Cabayo, los quechuas andinos decimos Cahuallu, pero en todas partes sólo se escribe Caballo. En el caso del Quechua, esta misma palabra, así como indica la doctora Madeleine Zúñiga(9), tiene hasta 83 diferentes maneras de escribir: Quichua, Quechua, Kichwa, Qquichua, Kechua, Kechwa, Kichua, Quichwa, etc., etc., una variedad inmensa é innecesaria que sólo refleja indolencia de los especialistas que deberían dar una solución científica a todo esto. Y eso que la palabra Quechua no es Runa Simi, es castellanizada.

2.-  Todavía se discute sobre si se usa cinco (a, e, i, o, u) o tres (a, i, u) vocales, y ha habido casos en que se ha querido dar solución mediante el voto, como si en estos casos se pudiese dar una definición “por mayoría” y no por procesos linguístico-científicos.

3.- Hablar una lengua no es equivalente a escribirla o leer, si es que no se ha puesto atención al aprendizaje de estos procesos. Existe el caso de muy buenos pedagogos en lengua castellana y que saben el Quechua como lengua madre, pero que no la pueden leer ni escribir si no es con mucha dificultad. Una defensa, una difusión y una enseñanza masiva del Quechua requiere, pues, de personas y pedagogos adecuadamente preparados, y ésta es una tarea que los gobiernos no asumen, quizás por su costo, o por desinterés.

4.- En los Andes, donde se vive toda una suerte de discriminación a lo indígena, es más fácil o más conveniente, para la política de los estados, la castellanización masiva mediante la “educación” oficial y la integración al sistema criollo-occidental, con desmedro de nuestra propia identidad originaria, del desarrollo de nuestras propias lenguas o del ejercicio pleno de nuestras propias culturas y costumbres.

5.- A todo lo dicho se suma la falta de textos adecuados, de producción barata y masiva.

Los Quechuas somos millones y constituímos, junto con los otros 425 pueblos indígenas de Abya Yala sur, las Primeras Naciones del sub-continente. Somos igual que todos el presente, y con los demás pueblos del mundo también el futuro.

Pueblos y Lenguas Indígenas y el contacto Externo:

Desde cualquier parte del mundo siempre existe el interés de personas, de instituciones o de organismos que han de concretar la presencia de extranjeros en el seno de las culturas indígenas del Abya Yala. Pero las maneras y las intenciones no son las mismas. Enumeremos algunas de las formas negativas:

1.- Existe todavía una mentalidad “civilizadora” que conceptúa todo lo indígena como “primitivo” o “salvaje”, por lo que, entonces, propugnan la salvación, la integración, la modernización, la civilización, etc., entre nuestros pueblos.

2.- Sectas y grupos de religiosos occidentales, que nos consideran “infieles”, “paganos” o “idólatras”, pugnan por catequizarnos y “salvar nuestras almas para su Dios y su religión”, como si en nuestros pueblos careciéramos de propios seres sagrados y divinos dentro de nuestra cósmica espiritualidad.

3.- Los clichés de “Tercer Mundo” o de “Cuarto Mundo” han convencido a muchas gentes del “Primer Mundo” que nuestros pueblos conforman sólo paises llenos de pobreza, de hambre y de miseria. En consecuencia, paternalistamente, sólo nos proponen ayudas desarrollistas, tecnologistas y capitalistas al estilo occidental: europeo o norteamericano. Se olvidan o desconocen nuestras formas económicas colectivas y comunitarias, de nuestro proceso de intercambio de productos sin uso monetario, de las normas de reciprocidad en el trabajo y en el uso de los bienes familiares y comunales, de nuestra ciencia y tecnología acorde y con respeto a la naturaleza y sus leyes, de nuestro sistema de productos múltiples y en cultivos múltiples, de nuestro manejo sistematizado de pisos y archipiélagos ecológicos y, particularmente, que toda nuestra economía y el trabajo agrícola siempre están intimamente vinculados con la dinámica (cíclica) de las fuerzas del cosmos y de la madre naturaleza, vínculo que manifestamos mediante ritos, ceremonias y en la práctica de una espiritualidad natural y cósmica. Las ayudas paternalistas o filantrópicas, pues, nos dan pan para un día, pero están matando nuestras culturas.

4.- Otros escogen los territorios y el corazón de nuestros pueblos para la experiencia de sus insurgencias o guerras “revolucionarias” que, en consecuencia, sólo nos producen muerte y destrucción. Además que, de triunfar, sólo nos impondrían ideologías y políticas que también son de corte occidental, muy ajenas al Comunitarismo y al Colectivismo, y a la esencia y a la esperanza de los pueblos indígenas.

Sin embargo, y a pesar de todo, queremos hablar aquí de las partes positivas del contacto, que son las más importantes y las más esperanzadoras:

1.- Es política Indígena la hospitalidad plena para todo forastero. Entonces, en reciprocidad, esta política requiere de una respuesta de igualdad, de humano a humano, con justo respeto a la pluralidad, heterogeneidad y a las diferencias.

2.- El interesado en ciencias humanas puede encontrar en nuestros pueblos formas de organización y de vida, tan variadas como culturas existen, que le puedan inducir conocer modelos sociales colectivos y comunitarios, modelos de organización reales y prácticos por haber sido construídos y vividos a través de miles de años.

3.- El filósofo podrá encontrar una visión cósmica integral donde la armonía es el eje central de los seres y de las cosas, regidas por principios opuestos/complementarios conformando sistemas que van de menores a mayores hacia la totalidad.

4.-  Al Linguista le cabe la misión contribuir a dar solución a problemas como los ya expuestos en el caso de la lengua Quechua.

5.- El Médico podrá ampliar sus conocimientos con su acercamiento a la sabiduría del Médico Indígena. Conocer el uso natural de plantas, de grasas animales, de elementos de la naturaleza y el trato social y psíquico colectivo que se dispensa al enfermo para su curación.

6.- Al Maestro o Pedagogo le toca contribuir implementar una educación Bilingue/Intercultural.

7.- El Biólogo, Botánico o Agrónomo encontrará todo un sistema de ingeniería genética natural que creó y crea plantas alimenticias transformándolas de otras silvestres o venenosas. Estos procesos tienen miles de años de experiencia, y han dado al mundo más del 60% de sus alimentos. La Papa y el Maíz son dos excelentes ejemplos.

8.- Los cristianos por convicción, humanitarios por principios y con amor al mundo, pueden ser bienvenidos. Nuestra ética pluralista nos induce respetar toda creencia y a toda persona no-Indígena. Pero se rechaza todo intento de catequización compulsiva o sutil, y la utilización de la pobreza, o la necesidad, como medio de adoctrinamiento a creencias ajenas.

El mundo indígena es diferente pero no es un mundo cerrado, sólo se necesita una lengua mútua para el diálogo bilateral. Su valor intrínsico reside en que está compuesto por sociedades estructuradas en íntima relación con la naturaleza y sus leyes, y esta relación hace que devengan en sociedades colectivas y comunitarias. Sin embargo, a pesar de este espíritu particular, tenemos que entender que hoy estamos inmersos dentro de una sociedad global, universal, diferente, de carácter individualista-capitalista, ante cuyo inmenso poder imperial siempre estamos en la amenaza de perecer, o ser integrados totalmente a este sistema.

Bienvenidos los que quieran vivir entre nosotros, pueden aprender de nuestras vidas y enseñarnos de lo suyo. Así, entre ambos, quizás podamos soñar en una mejor relación entre los pueblos y, porqué nó, en una mejor sociedad para todos.


Citas:

1.- Cambio 16, Feb. 1995, No. 1,212, p. 45.

2.- BUENO MENDOZA, Alberto. “Nuevas Perspectivas Sobre 1492”. En: Educación é Identidad Nacional, Problemas y Alternativas. TUITSAM. Lima, Perú. 1991. Pp. 3-5.

3.- GRUNBERG, Georg (Compilador). La Situación del Indígena en América del Sur. Tierra Nueva . Montevideo, Uruguay. 1972.

4.- CHIRINOS, Andrés. “Las Lenguas Indígenas Peruanas Más Allá del 2000”. En: Revista Andina 32. Cuzco, Perú. 1998. Pp. 453-479.

5.- CERRÓN-PALOMINO, Rodolfo. “Multilinguismo y Política Idiomática en el Perú”. En: Allpanchis Nos. 29/30. Cuzco, Perú. 1987. Pp. 17-44.

6.- ROJAS, Ibico/BRAVO, Domingo. Origen y Expansión del Quechua. Promociones Gráficas IMAGEN. Lima,Perú. 1989.

7.- Se han encontrado otras referencias más antíguas con relación al término Quechua: El Dominico Pedro Aparicio (1540) dice Quichua, Pedro Cieza de León (1550) refiere Quichoa y la Relación del Concilio Limense (1551) Quichua. Porqué y desde cuándo fue el cambio del nombre de Runa Simi a Quechua?. Al principio los españoles sólo la llamaron “Lengua General” o “Lengua del Cuzco”. Nuestra hipótesis es la siguiente: En los Andes centrales del Perú, los Runa Simi hablantes también nos identificamos por el piso ecológico lugar de nuestra morada, los habitantes de los valles decimos ser Qichwa Runa (gente de la Qichwa), y los habitantes de las alturas se identifican como Sallqa Runa (gente de la sallqa o puna). Los españoles se contactaron más con los moradores Qichwa y de allí, posiblemente, también  hayan optado por el nuevo nombre del Runa Simi como Quechua.

8.- BURNS GLYNN, William. Legado de los Amautas. Lima, Perú. 1990.

9.- ZÚÑIGA C., Madeleine. “Sobre los Alfabetos Oficiales del Quechua y el Aymara”. En: Allpanchis Nos. 29/30. Cuzco, Perú. 1987. Pp. 469-481.

Autor: 
Salvador Palomino Flores